Al estilo de Jesús

¿Qué es la vida consagrada? Para responder a esta pregunta echemos un vistazo al pasado, unos dos mil años atrás, y detengámonos en los caminos de Palestina. Pues la respuesta está en un hombre que ha nacido en Belén, ha vivido treinta años oculto en Nazaret y ahora lleva tres años predicando la Palabra de Dios y viviendo una vida de entrega y apostolado.

Jesús, Dios y hombre, nos maravilla con un nuevo estilo de vida. Una vida entregada a la voluntad del Padre, que hace presente el cielo en la tierra, que nos anuncia un reino que ya está entre nosotros. Jesús vivió para el Padre. Al Padre dedicaba las primeras y las últimas horas de su jornada. Por el Padre recorría los caminos de Palestina, curaba a los enfermos, anunciaba el mensaje de la caridad, se preocupaba por todas sus ovejas. Porque el Padre se lo pedía apuró el cáliz hasta las últimas consecuencias y así entregó su vida voluntariamente en la cruz. Y a esta vida de obediencia hay que añadir la pobreza voluntaria, pensemos en su humilde nacimiento, y la castidad, por la que amó a todos los hombre en el Padre.

Ese es el estilo de vida de Cristo. Un tipo de vida que no se reservó para sí sino que quiso compartirlo con los hombres a los que venía a salvar. Por eso, Jesús, durante su vida terrena, eligió a un grupo amplio de hombres que fueron sus discípulos. Y entre todos los discípulos que le siguieron, le siguen y le seguirán hay hombres con los que ha querido tener una relación especial, una relación de intimidad, de imitación de su misma forma de vida.

Estos son los consagrados, los que siguen a Jesús profesando la pobreza, la castidad y la obediencia -los llamados consejos evangélicos- en un estado de vida estable reconocido por la Iglesia, que no es otra cosa que vivir como Cristo vivió, al estilo de Jesús.

La vida consagrada tiene su raíz en el Bautismo. Son los bautizados, ya discípulos del Señor, los que reciben el llamado a la intimidad, a la total entrega a Dios. Con su estilo de vida, el de Jesús, ellos dicen a los hombres que el cielo existe, que no olviden lo esencial, lo que no pasa, que en medio del tiempo trabajen para la eternidad, que se afanen por atesorar riquezas en el cielo donde la polilla no hace estragos. De esta manera significan y anuncian en la Iglesia la gloria del mundo futuro.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.