El sol, mirad, declina (Sol, ecce, lentus occidens)

 

El nuevo breviario latino recoge un himno de vísperas de reciente composición: sol, ecce, lentus occidens. Escrito en dímetro yámbico, es una hermosa oración para rezar al final del día. Al caer la tarde, el alma, contempla cómo el sol muere y aprovecha este momento para pedirle a Dios, sol sin ocaso, que le asista.

Ofrezco mi traducción de este himno en liras:

 

El sol, mirad, declina

y deja, triste, el monte y la ladera.

La mar ya no ilumina.

Mas un augurio impera:

vendrá de nuevo el alba mañanera.

 

Se asombran los mortales,

Creador propicio y Padre providente,

rector de ciclos tales,

la ley que el alma siente:

que sombra y luz se turnan sabiamente.

 

Y mientras nos alcanzan

la atmósfera callada y noche oscura,

las fuerzas, ved, nos faltan

y el cuerpo busca cura,

soltar con calma toda ligadura.

 

Con fe, con certidumbre,

ricos de Ti, por Ti nos alegremos,

oh Verbo, con tu lumbre,

de quien por fe sabemos

que eres fulgor del Padre en quien creemos

 

y el orto desconoce.

Y es Sol también que ignora el despedirse.

La tierra lo conoce

y anhela de Él cubrirse,

con Él el cielo eterno confundirse.

 

Que de tu luz serena

podamos, pues, gozar. Y finalmente,

con el Hijo –y sin pena-,

cantar perpetuamente

el himno del Espíritu clemente. Amén.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *